La semana es como una agenda con
un listado de responsabilidades y citas por cumplir que mantiene mi mente y mi cuerpo ocupado durante 12 horas diarias. Dicen
que el tiempo cada vez pasa más rápido, pero la verdad es que para mí es como
si todo pasara en cámara lenta, como si se detuviera el reloj con el malicioso
fin de que la angustia, el stress y la preocupación, en algunos casos, se hagan
eternas. Por esto, cada vez que llega un
lunes festivo experimento la esperanza de terminar el viacrucis de obligaciones
semanales. Inicia el viernes. Sólo falta un paso para empezar ese pequeño lapso
de tiempo que se supone que es para descansar del trajín de la semana. Para
muchos, el fin de semana empieza con unas cuantas cervezas, amigos y música
para danzar al son que le toquen, pero para mí
significa una larga jornada de uno de mis hobbies predilectos, dormir.
Es sábado y después de un largo y provechoso descanso, a primera hora tengo que cumplir con las labores del hogar, limpiar, lavar y organizar. Cuando se toma la decisión de compartir la vida con otra persona y casarse, esas son las nuevas responsabilidades que se adquieren en el hogar, aunque no son sólo femeninas, se pueden compartir los deberes de la casa, eso sucede en los hogares modernos y menos machistas, y gracias a Dios así pasa en el mío. Después de terminar con las labores en casa, debo continuar con las tareas y trabajos pendientes solicitados durante la semana por los maestros de la universidad.
Un poco más tranquila, con casi todas las obligaciones de la siguiente semana cumplidas, me dispongo a descansar para disfrutar del domingo. Este día es especial para mi esposo y para mí ya que se trata de compartir con la familia, ya sea la de él o la mía, y también de compartir, como pareja, y disfrutar de las cosas que nos gustan y apasionan a cada uno. Es la una de la tarde y es hora de partir a donde uno de nuestros amigos. La idea de estar dentro de una piscina me inunda. El recibimiento se me hace eterno y el agua me llama a gritos. Luego de 1 hora de "adelantar cuaderno" puedo ir a cambiarme. Esos diez minutos pasan despacio. Aunque nadar no es lo mío, me defiendo en el agua. Pasan las horas muy rápido, ya cae la noche y es la primera vez que estoy en una piscina hasta tan tarde. Ya me tengo que ir porque el camino es largo a casa y me esperan otras tareas antes de ir a descansar. Para mí es muy importante y "sagrado" ese tiempo porque es el día más esperado de la semana. Finalmente, sólo queda alistar todo para empezar una nueva semana de estudio y de sólo pensar me da aburrimiento.
Un poco más tranquila, con casi todas las obligaciones de la siguiente semana cumplidas, me dispongo a descansar para disfrutar del domingo. Este día es especial para mi esposo y para mí ya que se trata de compartir con la familia, ya sea la de él o la mía, y también de compartir, como pareja, y disfrutar de las cosas que nos gustan y apasionan a cada uno. Es la una de la tarde y es hora de partir a donde uno de nuestros amigos. La idea de estar dentro de una piscina me inunda. El recibimiento se me hace eterno y el agua me llama a gritos. Luego de 1 hora de "adelantar cuaderno" puedo ir a cambiarme. Esos diez minutos pasan despacio. Aunque nadar no es lo mío, me defiendo en el agua. Pasan las horas muy rápido, ya cae la noche y es la primera vez que estoy en una piscina hasta tan tarde. Ya me tengo que ir porque el camino es largo a casa y me esperan otras tareas antes de ir a descansar. Para mí es muy importante y "sagrado" ese tiempo porque es el día más esperado de la semana. Finalmente, sólo queda alistar todo para empezar una nueva semana de estudio y de sólo pensar me da aburrimiento.