Inicia la dura y extenuante jornada de trabajo muy temprano en la mañana, generalmente a las 4 de la madrugada. Como todo buen conductor, revisa su vehículo minuciosamente, el aceite, el agua, el líquido de frenos, además de la limpieza de su interior; todo debe estar en perfectas condiciones. Es importante que dé una buena impresión, dice Luis: "porque eso es lo que mira la gente, que el carro esté bonito y bien cuidado. Hay unos que les suena hasta la pintura y eso no le gusta a los pasajeros; aunque muchas veces ni esto es suficiente porque cada vez está más pesado el conseguir personas para transportar. Esta es la labor diaria de un transportador informal de pasajeros, o más comúnmente llamado “pirata”.
Se supone que el trabajo arduo comienza a las 6 de la mañana con la gente que sale desde el barrio la cumbre a sus labores diarias con destino a cañaveral, aunque hay tantos carros que ofrecen el servicio que cada vez se hace más difícil sobrevivir con este empleo, ya que hay días buenos y otros no tanto. Además de esta problemática, el pirata, como se llaman entre ellos, debe vivir atento a la aparición de su eterno y más grande enemigo, el agente de tránsito, que en algunas ocasiones facilita el trabajo y en otras, lo hace imposible. A las 9 de la mañana comienza la labor del alférez de combatir con la piratería, esta es la misión de la dirección de tránsito del área metropolitana y, también empieza el padecimiento del pirata. Muchos clientes de estos transportadores, y hasta los mismos piratas, se quejan de esta persecución ya que, dicen ellos, están trabajando para recibir el sustento para su familia y pagar las deudas o "paga-diarios que ahogan, sin robar, ni hacerle mal a nadie; mientras por el contrario, los ladrones no se tienen que preocupar de esta persecución y que si estuvieran robando no los perseguirían de esa manera, además de que el servicio de transporte público es pésimo.
Son las 10 de la mañana y Luis apaga su carro para descansar un poco de ese asiento tan duro, que cada vez cobra más arriendo, dice él; y se para un rato a hablar con sus compañeros de trabajo. Con chanzas, bromas, chismes entre vendedores ambulantes y piratas, pasa lentamente el resto de mañana, el trabajo cesa un poco. Este tiempo lo llama "la hora muerta" del trabajo.
Dos de la tarde. Después de un almuerzo en familia y una corta siesta, inicia la segunda jornada de trabajo; se lava la cara y sale en busca de su compañero, el automóvil. Dos intentos de encendido y nada, ¿será el arranque?, ¿será el gas? El tercero y por fin se pone en marcha la máquina.
Una tarde, sin descanso, sentado en esa silla que exhala llamaradas de fuego cada segundo y pasan tan lento las horas que Luis no ve la hora de irse a descansar a su casa. Las calles se van haciendo cada momento más intransitables. Son las seis de la tarde este hombre ya no aguanta más, se va a buscar el calor del hogar y el amor de su familia, además algo de comer después de la larga jornada de trabajo para irse a descansar y poder levantarse la mañana siguiente a continuar con su lucha diaria.
Son las 10 de la mañana y Luis apaga su carro para descansar un poco de ese asiento tan duro, que cada vez cobra más arriendo, dice él; y se para un rato a hablar con sus compañeros de trabajo. Con chanzas, bromas, chismes entre vendedores ambulantes y piratas, pasa lentamente el resto de mañana, el trabajo cesa un poco. Este tiempo lo llama "la hora muerta" del trabajo.
Dos de la tarde. Después de un almuerzo en familia y una corta siesta, inicia la segunda jornada de trabajo; se lava la cara y sale en busca de su compañero, el automóvil. Dos intentos de encendido y nada, ¿será el arranque?, ¿será el gas? El tercero y por fin se pone en marcha la máquina.
Una tarde, sin descanso, sentado en esa silla que exhala llamaradas de fuego cada segundo y pasan tan lento las horas que Luis no ve la hora de irse a descansar a su casa. Las calles se van haciendo cada momento más intransitables. Son las seis de la tarde este hombre ya no aguanta más, se va a buscar el calor del hogar y el amor de su familia, además algo de comer después de la larga jornada de trabajo para irse a descansar y poder levantarse la mañana siguiente a continuar con su lucha diaria.