martes, 20 de marzo de 2012

La Locomotora

LA LOCOMOTORA


Un trabajo más para la lista de cosas por hacer. Ese fue mi primer pensamiento cuando Wilson habló del trabajo para el martes siguiente. Desesperación total. A pesar de todo, tocaba poner manos a la obra, aunque no le encontrara el sentido a la tarea.No me disgustan las manualidades, pero tampoco son mi punto fuerte. En lo primero que pensé fue en buscar un modelo a seguir para la construcción de un tren. Quería algo bonito y un poco clásico. Además, la mayoría de imágenes que pude encontrar en internet eran de locomotoras antigüas, así que mi esposo me aconsejó que esa era la mejor idea,  y más sencilla. Además, me entusiasmó el aspecto clásico de las locomotoras, la cantidad de detalles característicos, los colores. Así que manos a la obra. Lo primero fue hacer un boceto.


El tren iba a quedar parecido a ese dibujo como de niño de jardín. Reconozco que no soy muy buena dibujante.



Después de tener todos los moldes cortados con su respectiva escala, mis compañeros me dieron una muy mala noticia, Wilson había dado unas instrucciones precisas para la elaboración del tren. Decidí ir a hablar con él para saber si podía continuar con la gran locomotora que tenía en mi cabeza, pero me dijo que lo que quería manejar era la idea de juguete, así que el máximo de largo debía ser 30 cms. Que desilusión y que pereza; tocaba cambiar la escala de medidas de la locomotora. Al tanteo le corté lo que más pude, eso sí, de acuerdo a las formas y estilo que tenía. Hasta que por fin, mas o menos 30 cms.





Los días pasaban y pensaba que nunca iba a terminar ese suplicio de hacer una actividad, en ese momento sin sentido para mí, simplemente quería cumplir con la tarea que había ordenado el profesor. Aunque tenía grandes expectativas, no quería llegar con cualquier cosa. Lo que más me preocupaba eran las llantas, ¿con qué material las iba a construir?

Para darle un poco más de forma a la locomotora, empecé a ensamblar las piezas para mirar cómo iba la obra de arte. Se veía muy simple y ya quería verlo terminado. Por lo tanto, compré los vinilos, rojo y negro como había visto la combinación en las imágenes de internet. Lo pinté y le comencé a agregar algunos detalles para que se viera más real.



Después de esto, lo único que quedaba era ensamblar los techos y hacer las llantas y ya era la noche del lunes. Pasaban las ocho de la noche, las nueve, diez y nada que terminabamos. Claro está, mi esposo me ayudó con la elaboración de las llantas porque yo ya estaba exhausta, quería tirar la toalla, y además, tenía que dejar todo terminado para entregarlo el martes a primera hora. Era la locura.



Al fin, misión cumplida, no quedó como tenía en mente, pero estaba bien. Mi esposo estaba muy contento, hasta me echaba flores y decía que estaba muy bonito y que debíamos guardarlo. Tenía razón, esa era la idea, guardar la primera manualidad hecha por mí. Además era un juguete como de colección, aunque le faltaba un poco más de detalles, pero era digno de un buen lugar en mi hogar ya que representaba el esfuerzo hecho.

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