Dedicado a: Claudia Hernández V.
A lo lejos escucho unos sonidos muy extraños. Me acerco y en la pared puedo ver el reflejo de una sombra que mueve sus manos. Sólo unos pasos más y puedo ver una cara. Sus gestos expresan muchos sentimientos, pareciera que hablaran. Al final logro comprenderlo, está comunicándose, está hablando, sólo que con una forma muy particular de expresarse.. Aunque ella, Claudia, lo hace parecer tan simple como un juego, es un código muy raro y no muy fácil de comprender. Su lengua forma parte de su personalidad, de su ser y es esto lo que la identifica en un mundo de gran diversidad. Para ella, la sordera no es ninguna discapacidad, simplemente es la oportunidad que le da la vida de conocer y hacer uso de una lengua diferente al español. Para la gente que se dice “normal” esta no es una lengua, sólo es la forma de sobrepasar el obstáculo que representa su discapacidad. Claudia afirma: “- Me siento orgullosa de ser parte de esta comunidad.”
Para Claudia, entender el español ha sido una tarea casi imposible, su estructura es tan compleja que no logra relacionarlo totalmente con su lengua. Por lo tanto, el español se convirtió en esa gran piedra de tropiezo en su paso por la escuela. A pesar de ser diferente, ella siempre se destacó entre sus demás compañeras sordas. En una ocasión el docente le expresó que tenía un buen perfil para ser docente ya que le explicaba muy bien a sus compañeras lo poco que comprendía en las explicaciones de la clase. Es en ese momento cuando empieza a brillar un talento precioso en ella, el de enseñar.
Los inconvenientes no dejaron de presentarse. Llegaron las alfabetizaciones y con ellas, nuevas oportunidades para explorar su talento. Aunque Claudia no podía hacer las mismas actividades de alfabetización que hacían sus compañeras, fue necesario buscar otras formas de cumplir con ese requisito para la graduación. Ser modelo, fue la propuesta del Instituto “Centrahabilitar”, pero no modelo de modas, como esas mujeres delgadas y desencajadas que se ven en la televisión, sino modelo lingüístico de la lengua de señas. Esta fue una gran oportunidad que abrió las puertas para salir al mundo y demostrar que es una persona tan capaz e inteligente como las demás. Además, que mejor opción que mostrar y enseñar a la sociedad su orgullo de ser hablante de la lengua de señas.
En 1994, fue su primera experiencia docente. De una u otra manera Claudia tenía que salir adelante, aunque la sociedad y sus prejuicios fueran los más grandes obstáculos para esquivar. Fue su tía Clara quien le dio la oportunidad de ser, durante su ausencia, el reemplazo de docente de lengua de señas en las más grandes universidades de Bucaramanga. Una luz brilló en el camino oscuro de su vida, y no solo la suya, sino de muchos como ella. Sólo hasta ese año fue que se legalizaron las señas como forma de comunicación, como una lengua. Este fue el paso más importante en la vida de los sordos, y en especial en la de Claudia. Esto significó no sólo el reconocimiento de su lengua, sino: “- fue un reconocimiento como personas que hacen parte de una sociedad, un tomarnos en cuenta”. Por lo tanto, sólo de esta manera fue posible comenzar a enseñar esa lengua que estaba en el rincón del olvido, un rincón oscuro al que nadie le interesaba iluminar.
Claudia continúa con su trabajo de modelo lingüístico. Para mí es un orgullo verla en cada programa de televisión que se interpreta, ya sea para empresas o colegios o entrevistas porque a pesar de los obstáculos ha salido adelante. Además, de esto se dedica a lo que más ama en su vida, la enseñanza de la lengua de señas. A pesar de que no puede estudiar una carrera como lo hacen los demás, ya que en Colombia no hay este tipo de enseñanza, ella ha asistido a unas cualificaciones que la actualizan en las cuestiones de la enseñanza de la lengua de señas como lengua materna. Dar la oportunidad a otros niños que disfruten y exploten su lengua como cualquier otra es la más grande felicidad y orgullo de Claudia, también lograr que la sociedad sea inclusiva y no vea a los sordos como unos discapacitados que sólo inspiran lástima. Lo que Claudia más desea es que se le brinde a los sordos un lugar en esta sociedad llena de prejuicios, donde nadie se compromete a darle la mano a los demás. Es por esto que ella ama su trabajo, para darle un mundo mejor a los niños sordos, nuevas oportunidades y una de sus herramientas es comprometer a los padres de todos esos niños, que sean su más grande apoyo para que labores como la de Claudia tengan un efecto positivo y den esperanza de sobrevivir a esta lengua.


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